Merten Worthmann traza en su artículo un recorrido por la escena artística española actual, centrada en Madrid y Barcelona. Desde el extranjero, sobresalen las carencias y deficiencias del panorama artístico español, y Worthmann trata de buscar las causas de la situación actual.
Este artículo fue publicado en Suddeutsche Zeitung, el 10 de enero de 2009.
El final de las Ramblas en Barcelona no es sólo el lugar del cabaré. Apartado de los animados bulevares repletos de pintores de retratos rápidos, diseñadores de adornos alternativos y un par de bailarines callejeros se encuentra el Centre d’Art Santa Monica, un espacio expositivo para arte joven de la Generalitat de Catalunya. En este momento exponen en la planta baja del antiguo convento los catalanes David Bestué y Marc Vives. Allí se puede ver el escenario de su vídeo “La confirmación” y también el vídeo mismo – Escenas de un viaje iniciático de un hombre joven que termina con el canto alegre de una canción de éxito con la letra: “Aprende a vivir, sin suelo fijo, sin confirmación”. Una canción que es al mismo tiempo un canto del cisne: Al final del espectáculo en Enero, el Santa Mónica deberá cerrar. El Consejero de Cultura de Cataluña así lo ha dispuesto. Al centro se le dará otro uso sin tener en consideración la escena de arte. De esta manera la ciudad perderá un sitio central para las obras actuales. “Barcelona es una especie de anti-Berlín”, dice Bartomeu Marí , director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, “una ciudad que no sabe atraer a los artistas”. La declaración de Marí nace de un malestar profundo. Y la indiferencia en el deshacer del Santa Mónica es sólo la señal más reciente de una situación general penosa.
La escena de arte española padece la falta de conexión con centroeuropa, con los centros del mercado y del discurso. No hay casi nadie en España que consiga hacer carrera y tener éxito de mercado en el extranjero; el público internacional está interesado en el arte español tan sólo de manera periférica. Incluso en el mismo país faltan redes locales suficientes. “Ser artista y ser español”, dice el artista Jorge Galindo, “es un hándicap tanto en España como fuera de España”. Para Ferran Barenblit, hasta hace poco director del Santa Mónica y que ahora dirige el Centro de Arte Dos de Mayo en el sur de Madrid, el arte español está actualmente mal posicionado: “No tenemos bastante poder internacional para asegurarnos la atención general. Por otro lado hemos perdido la ventaja por ser animales exóticos. Desde que estamos integrados completamente en la Unión Europea somos un país europeo entre otros muchos.” Barenblit es muy crítico frente a la industria del arte de su país. Sin embargo responsabiliza también de la falta de resonancia internacional a la percepción borrosa que se tiene desde fuera. Esto le une a Chus Martínez, quien después de dos años a la cabeza del Frankfurter Kunstverein ahora trabaja otra vez en su país como jefa de las colecciones MACBA. “La falta de interés por España nace de razones geo-políticas. Los alemanes por ejemplo se han orientado sobre todo a los Estados Unidos y, después de la reunificación, fuertemente hacia el este. Por mucho tiempo España estaba excluida. No éramos ni una estación del Grand Tour ni pudimos sacar provecho del Plan Marschall”.
Los artistas abandonan su tierra
Los españoles sólo alcanzaron su libertad de la dictadura hace ya treinta buenos años – demorándose, hasta después de la muerte natural y pacífica de Franco. A veces es el propio punto de vista sobre esta hipoteca histórica lo que determina si el vaso parece medio lleno o medio vacío. Martínez ve muchos puntos débiles, pero después vuelve diciendo: “Lo que tenemos, lo hemos construido en 30 años. Y no es poco!”
Una demostración brillante de la decidida actividad de reconstrucción son los numerosos centros y museos de arte contemporáneo que fueron abiertos a lo largo y ancho del país, entre ellos edificios espectaculares como el MUSAC en León, el MACBA en Barcelona, el Caixaforum de Herzog & DE Meuron en Madrid o el Guggenheim de Gehry en Bilbao. Sin embargo sólo algunas pocas de las nuevas instituciones lograron desarrollar un perfil personal realmente sólido. Para los políticos regionales el gesto arquitectónico fue a menudo más importante que el mantenimiento constante de un programa de alto nivel. Y los políticos siempre tenían la sartén por el mango: los directores de museos por ejemplo siempre cambiaban con el gobierno, daba igual cuál era su entendimiento en materia de arte. Sólo desde hace dos años el Ministerio de Cultura español publicó una especie de guía de “buenas maneras” en la gestión de los museos de arte contemporáneo, en la que entre otras cosas, se exigía, en caso de cargos importantes, anuncios públicos de empleo con concurso internacional y decisiones en base a la competencia profesional. Manuel Borja-Villel vino a encabezar el Reina Sofía de Madrid conforme a estas nuevas “reglas limpias”, y de la misma manera Bartomeu Marí fue nombrado su sucesor en el MACBA en Barcelona. Por el contrario, hay todavía decisiones motivadas sólo por la política, como el cierre del Santa Mónica. Otra fue la designación de Berástegui para coordinador del Matadero, el nuevo centro de Madrid para experimentos multidisciplinares. En la gigantesca área del viejo matadero, entre mampostería descubierta, mala hierba proliferante y pabellones en profundo letargo van a abrir sucesivamente hasta el 2011 salas y programas promocionales de arte, diseño, teatro y música. El área da un poco la impresión de estar ocupada, sin embargo se trata – una vez más – de un llamativo proyecto de la ciudad iniciado por funcionarios en vez de por la escena cultural. “Los artistas españoles están poco conectados entre ellos”, dice Berástegui, “casi no hay iniciativas o espacios, que nazcan del entusiasmo de la escena. Tampoco la sociedad civil la reemplaza. Y esto no se deja cambiar por arriba.” Efectivamente en España se encuentran muy raramente campos experimentales para las nuevas generaciones como círculos artísticos o espacios mantenidos por artistas. También Elba Benítez, cuya galería de arte contemporáneo es uno de los espacios más prestigiosos en Madrid, echa en falta el dinamismo: “Lugares alternativos para exposiciones tendrían que nacer desde su milieu, sin embargo parece faltar la fantasía y la voluntad”. El ambiente de Madrid, así comenta Benítez, no contribuye precisamente a sentirse al tanto de lo que pasa. Berástegui ya observa las consecuencias: “La gente más inquieta, los creativos, abandonan su tierra”. Eso conduce a un círculo vicioso: Si los que podrían renovar el panorama se van, la situación nunca cambiará. “Los artistas que en su tierra no viven en una atmósfera que los inspira y tampoco algún tipo de intercambio se van”, dice también Alex Nogueras, que junto a Rebecca Blanchard dirige la nueva Galería Nogueras Blanchard en el centro de Barcelona. Solo un tercio de los 15 artistas representados por Nogueras Blanchard son españoles, y de ellos sólo dos viven en España. “Nosotros aconsejamos a todos viajar mucho, pero al final la movilidad de los españoles está muy limitada por el hecho de que muy pocos hablan inglés. Esto representa un obstáculo enorme”. Sin embargo no son sólo las expresiones verbales que tienen que mejorar. En primer lugar tocaría a las escuelas superiores de Bellas Artes. La necesidad de una reforma aquí es tan grande, las estructuras están en un corsé tan estrecho y tan lejano de una reflexión conceptual, que a quien describa esta miseria podría faltarle el aire para respirar. “La parálisis del sistema de la escuela superior…”, empieza Ferran Barenblit, luego se interrumpe un momentito, suspira y continua: “Hay cosas en España que parecen tener un destino infinito!”. La debilidad del sistema de formación profesional no sólo coarta el horizonte de muchos artistas, sino también el horizonte del discurso entorno a ellos. “Para salir de los elogios y de las críticas en los debates faltan la cultura y el vocabulario”. Además faltan publicaciones que puedan establecer y apoyar una calidad adecuada.
“El nivel de la discusión está muy bajo”, dice además Berástegui. Cuando los propios criterios se quedan vagos y no se tiene confianza en el discurso propio, en caso de dudas uno se fía del juicio de los otros. Los artistas españoles que tienen sus primeros éxitos en el extranjero de repente se vuelven interesantes también en la patria. Quien quisiera podría dormirse por muchos años en sus laureles pasados y empezar su periplo por las instituciones públicas. “Así se domestican e institucionalizan los talentos a los que se tendría que exigir más y que al final se pierden”.
La mano pública metió mucha baza también en el mercado del arte. La fundación de la “Feria internacional de Arte Contemporaneo” (ARCO) en Madrid en los años ochenta, con su objetivo explícito de ofrecer un escaparate internacional a sus artistas locales, no fue sólo un paso estratégico muy importante. En el medio del esplendor y del barullo los directores de los numerosos contenedores de arte entre Barcelona, Madrid,y Léon pudieron (y pueden) abastecer sus colecciones. Sin embargo hasta hoy no nació una buena red de coleccionistas privados. Para eso es necesario más tiempo y quizás incluso más escena.
Lamentarse no sirve
“Efectivamente ARCO es demasiado grande si se relaciona al mercado local”, dice Alex Nogueras. Por eso se alegra de la política de la nueva jefa de la feria Lourdes Fernández, que reduce el número de las galerías españolas para fortalecer el perfil internacional. “ARCO puede mantenerse competitivo sólo mirando rigurosamente a la calidad”. En el año pasado la feria ganó más espacio para formas de arte experimental comisariadas aparte. Y ya hace tiempo el escaparate funciona en las dos direcciones: “Coleccionistas españoles empezaron a comprar a nivel internacional”, dice el promotor de arte de Madrid Carlos Urroz. “De esta manera los artistas locales se encuentran de repente en una nueva situación de competición en su propio país”. ¿Pueden competir? Muchos no, otros sí. Si sólo se supiera como posicionarlos de manera adecuada … Después de su lamento sobre la falta de una cultura del discurso y de tutela política, Chus Martinez se para de una vez y dice: “Tenemos que acabar de lamentarnos. Es la inercia que nos lleva siempre a los errores de la política y del sistema. Pero ya está bien. Nuestra tarea es de hablar de otras cosas: sobre el arte mismo.”
Merten Worthmann
Traducción: Gabriella Angheleddu


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