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«Que la cultura levante el PIB de un país es solo una consecuencia»

Cuando César Antonio Molina aparece en público para presentar uno de sus libros, debe saber que es de lo que menos hablará. Inevitablemente sigue en el ambiente su precipitada salida del Ministerio de Cultura primero y del Congreso de los Diputados después. Lugares donde se acaba el dolor es su nuevo libro, y la excusa de sus recientes entrevistas, en las que se lo define como un hombre clásico, más cercano a Séneca que a sus compañeros de trabajo. En sus declaraciones se puede observar su visión clásica de la cultura: «Él mejor que nadie sabe que siempre ha habido “prejuicios contra la cultura!, como si sólo sirviera a unos pocos. “¡Pero si la cultura la hacemos todos!»

En tiempos en que la cultura es capaz de justificar todo, los prejuicios contra ella son cada vez son menos.

Su libro parece un best seller pero es justo todo lo contrario. Llega a las 700 páginas, pesa, tiene una bonita portada, pero es lo más parecido a una ofensiva descarada a la industria que habla del “turista cultural”, ese que ha matado al espectador y al lector. Por mucho que les pese a sus editores, que para eso tienen a Stieg Larsson, César Antonio Molina confirma que “la cultura no vive sólo de ventas”.

“Hay escritores que venden mucho y nos ayudan a los demás a vender poco. La cultura da conocimiento y placer y te hace saber más libre”, cuenta serio y vehemente para aclarar que el rendimiento económico de la cultura marcha detrás del rendimiento intelectual. ¿Pero entonces la cultura puede ayudar a levantar el PIB de un país? “Eso sólo es una consecuencia”.

Así que analiza y dispone: “Vivimos en la pura superficialidad, hemos pasado de la alfabetización de todo el mundo a un analfabetismo emocional, sin conocimiento de los grandes referentes, sin saber siquiera la propia historia de cada uno”. Él mejor que nadie sabe que siempre ha habido “prejuicios contra la cultura!, como si sólo sirviera a unos pocos. “¡Pero si la cultura la hacemos todos! La gran cultura es la que nos ayuda a ser libres, a respetar a quienes no piensan como tú, a procurar la convivencia. No hay otro camino que el saber”, siempre tajante.

Molina reclama cultura contra el turista cultural
Público — Peio H. Riaño — 27/10/2009

Lugares donde se calma el dolor está plagado de múltiples presencias, que arrancan en Nápoles y mueren en Damasco. Un recorrido mayoritariamente europeo, en el que quien se considera poeta antes que nada desata toda su formación acudiendo a la memoria de otros para hacerla suya (desde Pushkin, Lampedusa, Visconti a Derrida). Por eso, Molina cree que su obra “es un antídoto contra el turismo analfabeto”. Por eso, Molina cree que “si suprimimos a Velázquez, a Goya, a Miró, a Dalí, a Rosalía de Castro, no somos nada”. Y lanza un mensajito para quien quiera recogerlo: “Nuestra importancia en el mundo es esa, no darse cuenta de ello es algo muy grave”. Precisamente, insiste en que la política del ministerio que dirigió debe tener la potestad sobre las competencias repartidas por otros ministerios, “sobre todo las de Exteriores”. Esa fue una de sus peleas y una de sus derrotas.

Para el detalle: la portada es una estampa de unos jardines italianos enmarcados en unos dientes de película el cine, siempre el cine, a pesar de todo. “No creo que el cine haya influido contra mí”. Esa es una bonita metáfora a la reivindicación del libro, dedicado a saber ver y saber explicar lo que se ha visto. Un homenaje a la vista y lo que la vista puede ayudar a la escritura que calma el dolor.

Es inevitable ver a Molina en las últimas páginas del libro, cuando habla de la decapitación de san Pablo y su carta a los Filipenses confiándoles su indecisión: “Tengo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es sin comparación mejor”. Al hilo menciona a Jacques Derrida: “Tememos y temblamos porque ya estamos en manos de dios, siendo libres sin embargo para trabajar, pero en sus manos”. Temiendo y temblando, “sin recibir ninguna explicación ni razón”… ¿una alusión a su salida del Gobierno? Ríe. “Ya lo dijo san Pablo y eso estaba escrito antes de que a mí me pasara nada. Además, a veces es mejor no buscar las explicaciones”. Dice que ya estaba escrito y entregado antes del despido.

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