El País publicaba hace unas semanas las conclusiones del informe Observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales en España promovido por la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos. Comentando los resultados, su presidente Aldo Olcese, se quejaba de las amplias pérdidas en todos los sectores de la industria cultural, más de 5.000 millones de euros, que causan las descargas ilegales.
Por su parte, el estudio anual Televidente 2.0, elaborado por The Cocktail Analysis, desvela que «en el retroceso de la descarga está influyendo el aumento del “streaming”, que sube hasta un 50% de internautas que usa esta forma de visionado para acceder a contenidos de su interés. El consumo en “streaming” llega a una media de 6,5 horas a la semana.» Además, «las webs de las televisiones experimentan un mayor consumo de sus videos, ya que un 53% de internautas ve estos contenidos en ellas mensualmente.»
Aunque desde enfoques distintos, lo que vienen a decir los dos estudios es que la demanda de contenidos audiovisuales crece a un ritmo vertiginoso ahora que tiene internet como plataforma de difusión, dato que podría intuirse sin necesidad de estudio alguno.
Las organizaciones dedicadas a salvaguardar los beneficios económicos del actual modelo de la industria de contenidos tienen más público potencial que nunca. Ya solo les falta dejar de quejarse y ponerse a buscar la manera de captar ese público. Según Eduardos Arcos, si una página web da un servicio con la calidad suficiente a la gente no le importa pagar por él.


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