El término ‘industria cultural’ es uno de los que más solera tiene últimamente en el mundo de la cultura. En un intento de apartar la cultura de lo marginal, de lo soterrado, y llevarlo al dominio público, las instituciones publicas y privadas han puesto de moda este término que, en líneas generales, se refieren a todos aquellos colectivos privados cuyo eje principal de negocio es la cultura.
Pero no es un término que guste a todos; al menos, no a los que siempre han practicado una cultura más alejada de circuitos y redes comerciales. Muchas asociaciones culturales, por ejemplo, ven en el auge de la industria cultural una excusa perfecta para que las instituciones den de lado a las asociaciones culturales y destinen la mayor parte de sus fondos y espacios a iniciativas eminentemente privadas y lucrativas. Es así como se está empezando a desarrollar una de las batallas culturales más activas en este momento: la librada entre las asociaciones sin ánimo (ni permiso) de lucro y las empresas culturales.
Dentro de esas industrias culturales, y habiéndose sabido anticipar desde hace muchísimo tiempo al resto, se encuentra el Premio Planeta, un premio cada vez más criticado, cada vez más denostado, cada vez más vapuleado, pero que, año tras año, sigue generando unas inmensas cantidades de negocio para los promotores de este grupo editorial. Hasta tal punto es magnífica la situación económica de Planeta que hace unos años no tuvo reparo alguno en duplicar la cuantía del premio.
Hoy, en Rebelión, M. García Viñó dedica un artículo al Premio Planeta y su papel en la cultura y en las industrias culturales.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la farsa, el chanchullo, la componenda, la compraventa, la antiliteratura, la corruptela, la ostentación cateta, tratada como si fuese un asunto cultural serio? ¿Hasta cuándo ver la corrupción únicamente en la política y los negocios, y no verla en eso que se llama industria cultural, que es ciertamente industria, pero no cultural, sostenida por una mafia editorial que ha rebajado el libro de valor de uso, como siempre fue, a valor de cambio, con la complicidad, por ende, de quienes deberían defender la literatura y que en seguida voy a nombrar?
Todo el mundo sabe lo que es el Premio Planeta. Es la manera que tiene un editor, un comerciante, un industrial de la cultura, un fabricante de libros, sin el menor apego por la literatura, para ganar dinero, con la colaboración de periodistas, críticos literarios, profesores de literatura, académicos, escritores, políticos gestores de la política cultural y hasta miembros de la casa real, que, se dice, no participa de balde en la puesta en escena de la charlotada.
El Premio Planeta, buque insignia del capitalismo cultural
Rebelión – M. García Viñó – 06/11/2009


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