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La Cañada Real en el punto de mira de arquitectos y políticos

La situación de la Cañada Real Galiana ha sido obviada durante años: paraiso terrenal para unos, posibilidad de conseguir un pedazo de tierra para otros como si de una ciudad latinoamericana se tratase. La Cañada Real es un curioso experimento urbano azaroso: opulentos chalets se codean con edificaciones construidas originariamente en una noche, como en los poblados de chabolas de los setenta.

Por todo esto, la Cañada está de moda entre los arquitectos. Atractiva experiencia de crecimiento urbano no controlado. Foco de debate entre los profesionales de la construcción. Pero también objetivo de crítica de los partidos de la oposición e incómoda vergüenza para los gobernantes de la marca Madrid, de la futura ciudad olímpica.

Las noticias sobre una de las mayores aglomeraciones alegales se multiplican en los medios. Mientras las administraciones pertinentes buscan liberar al territorio madrileño de la zona enferma, amputarla, los arquitectos desarrollan todo su ingenio para cambiar el rumbo de la Cañada, aprovechando su potencial.

Cinco décadas arrastrando un problema generado por un urbanismo a la deriva. 40.000 personas instaladas en una senda que un día fue ruta de la trashumancia. La inmigración y la pobreza extrema agarradas de la mano en unas 2.000 edificaciones, todas ellas ilegales. Cada mañana, españoles -gitanos y payos-, marroquíes, búlgaros, rumanos, croatas, bosnios y serbios se saludan por las calles del asentamiento, embarradas y sin alcantarillado. A pocos metros, junto a la incineradora de Valdemingómez, se erige el mayor hipermercado de la droga de España. En todo el asentamiento residen unos 1.000 niños sin escolarizar.

Pero todo eso, por primera vez, tiene fecha de caducidad. No se sabe a qué precio ni cuándo. La ley cuyo borrador ha sido consensuado por todas las administraciones la semana pasada tiene ese espíritu. La desafectación de la zona como dominio público implica que los terrenos pasen a ser de los ayuntamientos. Y ahí cada municipio tiene la llave para transformar el infierno en un lugar habitable. Pero costará.

De momento, el Ayuntamiento de Madrid ya ha dejado entrever su intención de convertir la senda en un parque lineal. Los terrenos colindantes, que hasta ahora no eran urbanizables, pasarían a serlo y se construirían ahí todo tipo de desarrollos: viviendas, empresas o equipamientos. Además, los moradores que demuestren que sólo tienen esa vivienda y que carecen de dinero para marcharse serán realojados.

Cinco arquitectos de lo más alto del panorama nacional proponen sus soluciones: Parque de la equidad (Andrés Jaque), Laboratorio de ciudad (Diego Barajas), Un lugar donde no hay lugar (José María Ezquiaga), Distintas realidades (Carlos Sánchez Casas), No hay una sola cañada (Ecosistema Urbano).

La utopía de transformar la Cañada
El País — Daniel Verdú — 12/07/2009

Pero se abre un gran abanico de opciones para hacer urbanismo en la Cañada. Por eso, EL PAÍS ha preguntado a cinco urbanistas y arquitectos acerca de su impresión sobre el lugar y las posibilidades que tiene su transformación.

“No existe una solución única. La Cañada está conformada por una sucesión de realidades demográficas, urbanas, sociales y ambientales diferentes que requieren soluciones distintas”, opina el arquitecto Carlos Sánchez Casas.Esa opinión tiene también José María Ezquiaga, que asegura: “La transformación puede ser no sólo la oportunidad de regenerar un enclave socialmente deteriorado, sino también ocasión de mejorar las condiciones ambientales del entorno”.

Andrés Jaque se atreve a imaginar una suerte de parque de la equidad y propone que se amplifique el poder que tienen algunos líderes naturales de dicha comunidad para comandar los cambios.

Se abre ahora el momento de aportar ideas. Los ayuntamientos tienen un año para aportar sus proyectos de ordenación y alcanzar un acuerdo social para las miles de familias que viven en la Cañada.

Se aceptan sugerencias.

En ABC publican una noticia sobre los detalles técnicos del plan de legalización de los terrenos de la Cañada.

Los ayuntamientos implicados en el desmantelamiento de la Cañada Real tendrá dos años como máximo para pactar los realojos de sus habitantes. Así lo fija el proyecto de ley que ayer se aprobó en el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid. Se trata, según reconoció ayer el vicepresidente regional, Ignacio González, de establecer un límite para que este problema no se eternice y acabe enquistándose.

Transcurridos estos dos años, el Ejecutivo regional procederá a enajenar los terrenos afectados por la desafectación. El plazo comenzará a contar una vez que el proyecto de ley acordado por las administraciones se apruebe definitivamente en la Asamblea autonómica. Ayer, el Gobierno madrileño aprobó su remisión al Consejo Económico y Social. Presumiblemente, no será hasta septiembre cuando el documento pueda ser aprobado.

Aguirre fija un límite de dos años para negociar los realojos de la Cañada
ABC — Miguel Oliver — 24/07/2009

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