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Triball y Hugo Boss organizan un “evento cultural” en Malasaña

Una mañana de octubre de 2001 la estación de metro de Ciudad Universitaria se desperto de color de rosa. Los que fueran estudiantes por entonces se acordarán de que la estación estuvo durante unas semanas inundada de publicidad de Nike, pegatinas de color rosa que cubrían toda superficie cubrible anunciaban la marca deportiva. Quedaron atrás esos tiempos en los que el espacio público era tomado por marcas con el fin último y explícito de promocionarse. Ahora eso no basta.

Este fin de semana la marca Hugo Boss, en colaboración con la empresa Asociación de comerciantes Triball ha convertido el espacio público de Malasaña en una galería de arte al aire libre, según anunciaba algún suplemento de tendencias. Básicamente han hecho lo mismo que hizo Nike hace ocho años y lo han llamado “evento cultural”. Ya hemos escrito en alguna ocasión sobre la capacidad de justificación incontestable que es hoy día la cultura o el deporte.

En Somos Malasaña cuentan las diferentes acciones que se han llevado a cabo y se han preguntado si este tipo de actos cumple con la ordenanza municipal que regula la publicidad en el espacio público, y para salir de dudas han preguntado al Ayuntamiento.

Somos Malasaña ha contactado con los departamentos de prensa del Ayuntamiento de Madrid para tratar de averiguar si Hugo Create había solicitado los necesarios permisos para utilizar determinados espacios urbanos como soporte publicitario, sin lograr una respuesta. Según la interpretación que este medio hace de la ordenanza que regula la publicidad exterior en Madrid, ésta podría estar siendo vulnerada.

Por otra parte, también nos pusimos en contacto con Grey, la agencia de publicidad responsable de la campaña de Hugo Create, para ver si habían solicitado y obtenido los permisos necesarios para su realización. Su respuesta fue difusa.

Opinión: “Haga, Hugo, uso del espacio público”
Somos Malasaña — 16/10/2009 — vía Contraindicaciones

Parte del barrio está en venta, esa que algunos se empeñan, incluso desde el Ayuntamiento, en llamar TriBall. Basta con que una marca comercial se persone quién sabe dónde y hable con quién sabe quién para que comience un baile del que todos esperan sacar un provecho económico que, al menos este fin de semana ha pasado tan de largo como pasaron de largo los americanos por el berlangariano Villar del Río. Un baile del “sí, señor euro, haga usted lo que quiera”.

“Que se le antoja empapelar de arriba a abajo la fachada de los abandonados Cines Luna y poner pancartas en los soportales de la plaza del mismo nombre, ¡estupendo!; que quiere plantar 5 metros de escultura publicitaria en mitad de Soledad Torres Acosta, para ello proyectamos en su día un espacio amplio y duro que poder explotar comercialmente; que desea transformar los escaparates de equis bajos comerciales en vallas publicitarias, ¡carta blanca!. Coloquen banderolas donde gusten. De permisos, ¿quién habló? No se preocupen ustedes por la ordenanza municipal que regula la publicidad exterior en Madrid, que esa está para fastidiar a los hombres-anuncio y a los tradicionales y antiestéticos luminosos de las tiendas de toda la vida, y si alguien pregunta -como Somos Malasaña ha hecho- por la legalidad de lo que están haciendo ya se les mareará convenientemente enviándoles de un departamento a otro, dejándoles sin respuesta alguna”. Todo esto es lo que parecen haber dicho los responsables de turno a la todopoderosa marca que ha invadido el barrio de manera agresiva con el objetivo de promocionar una colonia. Disfrazando la cosa de evento cultural de postín la firma de ropa Hugo Boss ha tomado estos días como propia parte del barrio para hacer en él casi lo que le ha dado la gana. “Haga, Hugo, uso del espacio público en su propio beneficio”.

¿Quién será el próximo que a cambio de un puñado de euros tomará el relevo de Hugo Boss y, lo que es peor, qué se le ocurrirá hacer?

Para adentrarse en las calles más allá de la plaza de la Luna este fin de semana, Hugo Boss y su colonia han contado con la inestimable ayuda de TriBall, que les proporcionó 16 comercios dispuestos a colaborar con la firma albergando una supuesta muestra de diseños de los que jamás nadie supo.

Por todo regalo, los comercios han recibido a cambio de su disponibilidad un poste mediante el que han estado haciendo publicidad gratuita de la firma.

Hasta en el suplemento de tiempo libre de El Mundo se anunciaba que las calles de ‘Triángulo Ballesta’ se iban a convertir hasta el sábado en una galería al aire libre con más de 30 obras que admirar.

Mr. Boss no sólo ha tenido libertad absoluta para redecorar a su albedrío el barrio, sino que encima se ha dedicado a vender humo a unos comercios que el viernes por la noche estaban desinformados y decepcionados tanto con la marca como con quien se la ‘vendió’. ¡Más cuidado con las recomendaciones para la próxima vez señores de TriBall!

    Posted in Gestión urbana.

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