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Goya y el Guernica como moneda de cambio

[El Museo del Prado] permite, además, que los grabados de Goya abandonen la sede del museo para satisfacer un proyecto museístico de Borja – Villel, que puede ser todo lo razonable que se quiera, pero que dificilmente puede competir con la pertinencia del proyecto que – cumpliendo por fin la voluntad del pintor malagueño – reuna al ´Guernica ´ sus dibujos preparatorios, e inclusive las fotos de Dora Maar, con ´Los fusilamientos del 2 de mayo ´, ´Los caprichos ´ y ´ Los desastres de la guerra ´ de Goya. Eso sí que sería establecer relaciones reveladoras y fecundas entre distintas coyunturas históricas y no ese jueguito, puramente historicista, de conceder porque sí a artistas de tercera como Thomas Struth o de primera como Francis Bacon, el privilegio de exponer en las salas del Museo del Prado. Digo, para no mencionar otras travesuras de muchísima menor valía.

El trasiego de Goya y el destierro del Guernica
El arte de husmear de Carlos Jiménez — Carlos Jiménez Moreno — 18/03/2009

Goya no gana para sustos. Lo llevan y lo traen a conveniencia de quienes pueden hacerlo. Hace pocos meses el celo filológico de Manuela Mena lo privó de la autoría de uno de sus cuadros mas potentes: ´El coloso´. Y hoy (18.03.09) la prensa nos informa que Miguel Zugaza y Manuel Borja- Villel se han puesto de acuerdo en trasladar del museo del Prado al Reina Sofia sus series de grabados ´Los caprichos´ y ´Los desastres de la guerra´, apartándolos de la compañía del Greco y de Velázquez e imponiendoles la de Zuluoga y Gutierrez Solana . Y reabriendo de paso un debate que en realidad aún sigue abierto aunque se haya dado por definitivamente zanjado con la decisión de trasladar en 1992 el ´Guernica´ al Reina Sofia, el cuadro que, según ha declarado ahora Borja-Villel, tiene como antecedente directo los grabados de Goya. El debate tiene una historia que empezó a escribirse cuando el ´Guernica´ de Picasso fue entregado en 1980 por el MoMA a España, en medio de ásperas polémicas en torno a dónde debía instalarse la imágen emblemática de la mas perversa invención del siglo XX: ´la guerra total´, con sus bombardeos de saturacion de la población civil incluidos.

Los nacionalistas vascos querían que fuera instalado en Guernica, la ciudad foral destruida en 1937 por un bombardeo aéreo de la Legión Condor, enviada por Hitler a combatir en apoyo de Franco. ´Nuestra fue la tragedia, nuestro debe ser el cuadro que la conmemora´, argumentaron en su momento y en terminos que parecían inspirados en la legendaria respuesta del propio Picasso al oficial alemán que le preguntó – en el Paris ocupado por los nazis – si él había realmente pintado ese cuadro. No, le respondió tajantemente el pintor: ´ese cuadro lo pintaron ustedes´. Jacqueline Picasso – la última viuda de Picasso – y William Rubin – entonces director del MoMa – se aliaron para exigirle al gobierno español presidido por Adolfo Suárez que cumpliera a rajatabla el deseo de Picasso de que su cuadro se instalara en el Museo del Prado, del cuál había sido nombrado simbólicamente director por Josep Renau – director de bellas artes de la república española – y el responsable del plan que permitió evacuar las colecciones del Prado – amenazadas por los bombardeos de Madrid – trasladándolas a Suiza.

El gobierno de Suárez rechazó de plano las exigencias de los vascos y satisfizo a su manera la de la viuda y la del director del MoMA, mediante la habil maniobra legal de extender la jurisdiccion del Museo del Prado hasta el Cason del Buen Retiro, un palacete situado cerca del Palacio de Villanueva, donde de hecho se instaló en el otoño de 1980. Eso si, en una gran urna de cristales de seguridad y gruesos perfiles de acero, vigilada por guardias civiles armados: todavia había muchos exaltados en España que creían que el cuadro conmemoraba uno bombardeo aéreo que no había tenido lugar porque no habia sido más que el resultado de la capacidad de los ´rojos´ de manipular a los periodistas internacionales, llevándolos a publicar falsas informaciones sobre un crimen de guerra que nunca existió.

La historia no termino allí, sin embargo. En 1992 el gobierno de Felipe González autorizó el traslado del `Guernica `, del Casón del Buen Retiro al Museo Reina Sofia, como parte del esfuerzo por relanzar un museo que había iniciado su andadura como centro de arte unos años antes y que por entonces no terminaba de despegar. Y se acompañó esa decision – que aplazaba sine die el cabal cumplimiento de la voluntad expresa de su autor – con la aprobación del decreto ley de 1995 que establecía taxativamente que el Reina Sofia estará dedicado a coleccionar, conservar y exponer las obras de arte producidas con posterioridad al año de 1881, que es justamente el año del nacimiento de Picasso. Esa es la normativa cuya letra ahora se trasgrede con el traslado al Reina Sofía de los grabados de Goya, quién evidentemente vivio, pinto y murio antes de esa fecha liminar. El problema, sin embargo, no es puramente legal y no afecta sólo al director que ha consentido que se pase por alto el dichoso decreto ley con tal de satisfacer su propósito de exponer de manera permanente los grabados de Goya en el Reina Sofia. No. El problema afecta mucho más directamente al Museo del Prado que, siendo como es el propietario del ´Guernica´, escamotea una vez mas la voluntad de Picasso de que su cuadro se expusiera al lado de sus admirados maestros: el Greco, Velázquez, Goya. Y permite, además, que los grabados de Goya abandonen la sede del museo para satisfacer un proyecto museístico de Borja – Villel, que puede ser todo lo razonable que se quiera, pero que dificilmente puede competir con la pertinencia del proyecto que – cumpliendo por fin la voluntad del pintor malagueño – reuna al ´Guernica´ sus dibujos preparatorios, e inclusive las fotos de Dora Maar, con ´Los fusilamientos del 2 de mayo´, ´Los caprichos´ y ´Los desastres de la guerra´ de Goya. Eso sí que sería establecer relaciones reveladoras y fecundas entre distintas coyunturas históricas y no ese jueguito, puramente historicista, de conceder porque sí a artistas de tercera como Thomas Struth o de primera como Francis Bacon, el privilegio de exponer en las salas del Museo del Prado. Digo, para no mencionar otras travesuras de muchísima menor valía.

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Posted in Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

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