La semana pasada escribía Vicente Verdú en El País que las instituciones culturales están cambiando de manos, y que los nuevos propietarios tienen criterios más economicistas que los antiguos. Concluía que su supervivencia pasa por la renovación permanente. Borja-Villel parece que se deja guiar por esta máxima a la hora de dirigir el Reina Sofía. Hace un año que se anunciaba la restructuración de la colección permanente del museo, la gran novedad de la era Borja-Villel. Pasado un año la novedad ha dejado de serlo.
La de este año es la nueva concepción de las exposiciones temporales. En El País bajo el título “El Reina Sofía revoluciona su política de exposiciones temporales” citan a Borja-Villel que califica de «modernidad invertida» lo que el periódico llama revolución, y explica como un aprovechamiento magnífico del espacio: una eficiencia asombrosa.
Hasta junio se abrirán al público 10 muestras, en lo que Borja-Villel justifica con un recurso no precisamente museístico: “En la última Documenta de Kassel se presentaron 113 artistas y 500 obras en un total de 17.000 metros cuadrados. En nuestra particular bienal, veremos obra de 348 artistas, con 1.600 obras, en un espacio de 12.171 metros”.
En ABC intentan explicar el cambio desde en enfoque teórico:
Ya lo hizo con la colección permanente y ahora le da la vuelta, como un guante, a las muestras temporales. Sus exposiciones de tesis, densas, sesudas, le han generado a Borja-Villel cierta fama de «talibán», de huir despavorido ante monográficas comerciales de artistas con tirón, pero él insiste en que también habrá nombres conocidos en la programación del museo. Kandisnky, en 2011.
Si en e-madrid no hemos entendido mal, la renovación consiste en conseguir exponer más obras en menos espacio y más concentradas en el tiempo, y que el porcentaje de artistas “fuera” del circuito comercial sea el más elevado posible.
Quizás utilizar la palabra revolución cada vez que un museo hace algo, por mucho que lleve asociados términos como modernidad invertida, es como llamar partido del milenio a cualquier encuentro entre el Madrid y el Barcelona. Por otro lado, el contenido de las artículos sobre este tema casi podrían estar en El Mundo Today.


Hombre, pues yo no lo veo así, exposiciones siempre ha habido muchas en el Reina, caracterizadas por el eclecticismo y la circunstancia, cada una de su padre y de su madre. Lo que presentaba Borja era un programa único que abarca todas las temporales con el tema de la inversión de la modernidad, una línea teórica común, lo cual, es justo lo contrario que regir una institución con criterio de economista.
Pedro Pablo
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Creo que el comentario de Manuel Borja Villel está sacado fuera de contexto por Vicente Verdú, quién tiene intereses más que demostrados (en connivencia con su amigo del alma, Fco. Calvo Serraller) en desprestigiar al actual director del MNCARS. El artículo de marras (“El Reina Sofía revoluciona su política de exposiciones temporales”) es un despropósito absoluto, en el que intenta hacer pasar por “un festival” algunas de las propuestas más interesantes que se han hecho en esta bendita institución desde “Cocido y crudo”. Creo que la linea actual de temporales (por no hablar de los seminarios, mesas redondas…) está dando visibilidad a problemas del siglo XXI como son el género, las minorías étnicas, la globalización… y lo está haciendo a través de voces que no son las habituales en los circuitos museísticos patrios (artistas latinoamericanos, “psicóticos”, como Vicente Verdú llama a Martín Ramirez, artistas no excesivamente complacientes con el gran público…) Al Sr. Verdú le recomendaría un poquito menos de soberbia y más estudio (sesudo y denso, a ser posible) y de paso le recuerdo que el Reina no solo es un museo-mausoleo (con mayúsculas) en el que reposan las viejas glorias del pasado (San picaso, el misógino y compañeros mártires) sino que tiene una dimensión de centro de arte CONTEMPORANEO (y esto sí que creo que debería ir en mayúsculas y en letras de molde) en aras de la cual debe ser una institución dinámica y abierta a las problemáticas artísticas actuales, a través, al menos, de sus exposiciones temporales.
Angela
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